
Cuando el orgullo se hace invisible, o simplemente deja de existir en tu mundo hiperquinético, cada sentido y cada sensación se hace más profunda y delicada. Se percata de lo que antiguamente no vivía, se conoce lo irreconocible y hasta se ama con el alma. En realidad ese es el fin, esa es la meta y la conclusión que deriva una simple aceptación de delicadeza por parte del corazón. Cada cerrar de ojos inmaduro y cohibido en ese antes, no se quiso superar, no tenía arreglo, nada de solución. Los días se hacen más débiles, se aprende y se comparte lo divino, lo mágico y lo retórico. La transparencia abunda, se ahoga de esta, se colapsa y se disfruta. Se comprende con facilidad el sentir ; se entiende esa sonrisa eufórica y entusiasmada, las ganas de disparar cada risa a tu igualdad, cada verdad es tú felicidad. Las ideas cada vez vuelan más alto y con más cuídado, siempre esperando una respuesta llena de esperanzas, revueltas con algo de fantasía y concordancia. Se confía. Cada mirada es más certera, se dibulga con facilidad, se deduce y cada detalle es aún más reconfortante. Nostalgia, y una voz, transformaron un ardor en un especial perfume, con olor espeso a paz y perdón.