
Si bien nadie dijo que el trayecto de la vida sería fácil, existen ciertas opciones, unas cuantas palpitaciones que la convierten un tanto práctica y madura. Te afiatas como una simple fruta se adhiere a su rama y permaneces constantemente entendiendo y avanzando en el laberinto llamado vida. Experiencia se impregna en el corazón, el alma se alimenta de lo insignificante y el dolor llega a olvidarse a ratos, por momentos prolongados, muy guardados. Te afirmas, para que al caer, tus rodillas no se lastimen; tan poderosa puede llegar a ser la fuerza que crece y nace, que hasta por ratos asusta. La sociedad deja de ser sociedad, y la realidad hasta se puede dibujar. Es todo tan liviano, la distancia desaparece, la nostalgia vuelve, pero la mente no se corrompe ni a pedazos.
Nadie dijo que sería fácil, nadie.
Tranquila, por momentos, completamente.